¿Que sigue en política cafetera?

Pese a que el nuevo gerente o presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, doctor Luis Genaro Muñoz, ha repetido que su desempeño continuará la línea de su antecesor, doctor Gabriel Silva Luján en algunos sectores cercanos al gremio se teme que haya variaciones en las políticas, ciertamente eficaces, que puso en práctica el destacado dirigente, quien renunció al cargo para asumir el Ministerio de la Defensa.

El compromiso principal de Muñoz se refiere al cumplimiento del Acuerdo de Política Cafetera 2008-2012, que suscribieron los cafeteros por 1.4 billones de pesos. Los analistas observan que el desarrollo de dicho exige varios retos a cumplir.

El nuevo gerente que, como se sabe, procede de un departamento de muy escasa producción del grano, tendrá que emplearse a fondo para conseguir que en el año 2014 la cosecha llegue a los 17 millones de sacos. Hoy, el promedio es de 12 millones.

Viene luego lo referente a la producción de cafés especiales, para aumentar en el años 2012 en dos millones de sacos las exportaciones. Lo proyectado para el año que empieza a finalizar es que llegue siquiera a los 1.1 millones de sacos.

El estímulo al consumo interno. He aquí otro reto para la nueva administración de la política cafetera. Aunque en apariencia el colombiano sea adicto a la emblemática infusión, en la realidad no lo es tanto. Dicen los expertos que gran parte de la razón es por la falta de variedad en la forma de preparación de la bebida, solo hasta ahora con la irrupción de establecimientos especializados en su elaboración ha empezado el colombiano a tomar verdadero café y no solo el simple tinto, reto que va ligado con el crecimiento del negocio de valor agregado representado en las tiendas Juan Valdez en Colombia y en el exterior.

Ahora bien: en vista de que la caficultura y, en general, toda la actividad que despliega el café involucra por lo menos a cerca de tres millones de colombianos, y que en Caldas, Risaralda y Quindío, para no hablar sino de nuestro “paisaje cafetero”, se vive del café, en cuanto la gran mayoría de la población depende de su suerte, con importantes efectos en materia de empleo, nos preocupa sobre manera el futuro de la industria, y esta se deriva primordialmente de las políticas y acciones que se dicten desde su cúpula gremial.

El lamentable 21.5% de índice de desempleo en nuestra ciudad está involucrado un porcentaje importante de cogedores y beneficiadores del grano, licenciados de las fincas en las que se han substituido los cultivos y en las que ha disminuido considerablemente la producción a causa del crecimiento desmesurado en el costo de los insumos y las herramientas. Problema que, de alguna manera, tendrá que estudiar el nuevo gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros.

Rector Seccional Fundación Universitaria del Área Andina Pereira.*****
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El pasado miércoles 12 de los corrientes se inauguró en Bogotá, con la mayor  solemnidad y una concurrencia humana superior  a la que había acompañado los certámenes anteriores, la vigésima segunda Feria Internacional del Libro, celebración la más importante en su género de cuantas realizan en el país por lo que significa en sí misma como inductora de cultura y vehículo de promoción de venta de ese producto singular en el mercado que es el libro.

 

En esta ocasión, el calendario de la Feria  fue modificado: antes se efectuaba a finales de abril y principio de mayo, lo cual era inconveniente por coincidir con la temporada de lluvias más copiosas.

 

Como quiera que sea, la Feria Internacional del Libro se ha consagrado ya como un evento incomparable, útil para medir la afición por la lectura por parte de los colombianos y el consiguiente entusiasmo por la vigencia de ese objeto, casi siempre rectangular, en nada parecido a los demás, en cuyas paginas podremos descubrir nuevos horizontes, nuevas revelaciones, nuevos modos de ver e interpretar el mundo y, por supuesto, verdades enteras o a medias, como acontece siempre con todas las ayudas espirituales de que se sirve el hombre.

 

Los analistas suelen aprovechar estos festejos para hacer ciertas mediciones sobre la curiosidad o intensidad del colombiano medio respecto de la lectura.  ¿Cuántos libros se lee una persona en nuestro país cada año? La respuesta no es muy satisfactoria, según la Cámara Colombiana de la Industria Editorial.  Apenas tres o cuatro y, cuando más, cinco o seis.  Nuestros compatriotas no son muy adictos a la lectura y, al parecer, nada entusiastas cuando se trata de textos de auténtica calidad.  Lo que sí ocurre es que cierto tipo de literatura dijéramos menor o francamente mediocre, como los relatos periodísticos recopilados en libros por personas secuestradas que han regresado a la libertad, o delincuentes confesos, se llevan el favor del público.  No hay en esos textos el menor asomo de arte, una muestra mínima de buen gusto, siquiera amenidad en el relato.

 

Y todo es, claro, no es la buena literatura; que tiene una trascendencia y una vigencia largas en el tiempo.

 

La Feria de este año en Bogotá reviste un atractivo más, y es el de que se ha dedicado a la hermana república de México, con la cual el país conserva desde muchos años atrás una relación de amistad firme y respetuosa.

 

Que se recuerde, el primer colombiano notable que hizo de México su segunda patria fue el enorme poeta romántico Porfirio Barba Jacob.  Allá, en territorio azteca, vivió  y murió el atormentado portalira.

 

 

Hoy, otros tres escritores, acaso los más notables de nuestro país: el Nobel García Márquez y los galardonados internacionalmente Álvaro Mutis y Fernando Vallejo residen en México, y no parece que alienten deseos de repatriarse.  Hay, pues, antecedentes y pruebas de que por el lado intelectual, Colombia y “la tierra mexicana” se han “entendido” y compenetrado suficientemente  y desde hace mucho tiempo, tan es así que el presidente de México Felipe; Calderón quien presidio la comitiva de su país en la feria, en el acto de instalación acuño una nuevo género de literatura el “mexicolombiano” surgido de precisamente los fuertes lazos entre escritores de ambos países .

 

La Feria del Libro, decía es todo un acontecimiento, un apoteosis  del espíritu. Leer, leer, leer debería ser una consigna nuestra, antes que otros propósitos  y otros objetivos menos nobles. Recordemos a propósito el soneto de don Calixto Pompa: “Es fuente de la luz un libro abierto/ .Entra por ella, niño,  y de seguro,  que para ti serán en el futuro/ Dios más posible, su Poder  más cierto…”

 
            

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