El XXI ¿Siglo de las Mujeres?

Todo induce a pensar que este agorero siglo que avanza con prisa, será el

Siglo de las mujeres. Aldoux Huxley lo predijo, pero con cien años de diferencia: él vaticinó que el XX, recientemente concluido, sería el que reivindicaría los derechos del llamado “sexo débil”, tras haber transcurrido un periodo que fue fatal en todos los aspectos para la mujer.

El haberles concedido el Premio Nobel en cinco de sus versiones a igual número de damas ilustres, es muy indicativo del criterio que empieza a imponerse en el mundo entero y, sobre todo, en el mundo de la academia, tan remiso a reconocer la preparación y la importancia de las mujeres.

Ellinor Ostrom, en Economía; Elizabeth Blackburn, en Medicina; Carol Greider, junto con la anterior, en Medicina; Ada Yonath, en Química y Herta Müller en Literatura, constituyen el elenco de féminas que la Academia Sueca escogió para entregarles el histórico y codiciado galardón. Cada una de ellas ha hecho un aporte invaluable al mundo de la civilización humana: la primera, por haber conectado la hosca ciencia económica a la lucha contra los problemas del medio ambiente; la segunda y la tercera, mancomunada y solidariamente, por haber descubierto “una encima rejuvenecedora”, que ya ha sido categorizada; la cuarta, por la compleja investigación llevada a cabo en el código del ADN; y la última, la escritora rumano-alemana Herta Müller, por ser autora de una novela sobrecogedora, extraordinariamente bien diseñada, de una estructura impecable y un estilo ágil y musical, “La bestia del corazón”.

Ha sido, ciertamente, difícil el ascenso de la mujer, desde su condición casi de esclava, en todas las culturas, hasta la posición preeminente que hoy ocupa, como escritora, como científica, como dirigente política en los estados más modernos y poderosos, como jefe de gobierno. Ha sido un tránsito doloroso y cruel, en el cual muchas mujeres dejaron su huella de dolor, pero también su ejemplo de tenacidad y de fe en sí mismas.

Es bueno dar algunos ejemplos que confirmen la anterior aseveración y consolidan a la luz de la historia el auténtico valor de algunas de las representantes de la parte mas numerosa y tierna de la humanidad.

Eva Curie, en una exhaustiva biografía, relata “La vida heroica de María Curie”, su madre, descubridora de la radioactividad. La Curie, nacida como María Sklodowaska en Varsovia, en La Soborna de París se licenció en Física, la misma materia que dictaba su maestro y posteriormente su esposo Pedro Curie, con quien se casó en 1895. En 1903, a ambos los condecora la Academia de Ciencias y en 1904 les llega el primer Premio Nobel en física. Pedro murió atropellado por un camión al atravesar una calle, y María obtuvo la cátedra de su marido. Fue la primera mujer en servir una cátedra universitaria. Aunque en 1910 se rechazó su aspiración a la Academia de Ciencias, porque el reglamento prohibía que hubiera mujeres académicas. En 1911 recibe Curie recibe su segundo nobel pero esta vez en química, convirtiéndose hasta hoy en día en una de las dos personas que ha recibido dos nobeles en categorías distintas.

Otros dos casos aleccionantes: el de las hermanas ingleses, Emily y Charlotte, autoras de dos novelas inmortales: Cumbres Borrascosas y Jane Eyre.

Las hermanas Bronte tuvieron que presentar sus obras a la consideración de los editores con nombres masculinos. “Yo a las mujeres no les creo no lo que rezan”, dedujo Shimon Phillips, el primero editor a quien le enviaron novelas con nombres femeninos. Ha corrido mucha agua bajo los puentes del Sena, del Támesis y del Hudson; y por qué no decir también, del Magdalena. Hoy las mujeres del mundo se disputan con el hombre las más altas dignidades. Y por supuesto, a ello tienen razón, y les sobra.

Rector Seccional Fundación Universitaria del Área Andina Pereira.*****
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El pasado miércoles 12 de los corrientes se inauguró en Bogotá, con la mayor  solemnidad y una concurrencia humana superior  a la que había acompañado los certámenes anteriores, la vigésima segunda Feria Internacional del Libro, celebración la más importante en su género de cuantas realizan en el país por lo que significa en sí misma como inductora de cultura y vehículo de promoción de venta de ese producto singular en el mercado que es el libro.

 

En esta ocasión, el calendario de la Feria  fue modificado: antes se efectuaba a finales de abril y principio de mayo, lo cual era inconveniente por coincidir con la temporada de lluvias más copiosas.

 

Como quiera que sea, la Feria Internacional del Libro se ha consagrado ya como un evento incomparable, útil para medir la afición por la lectura por parte de los colombianos y el consiguiente entusiasmo por la vigencia de ese objeto, casi siempre rectangular, en nada parecido a los demás, en cuyas paginas podremos descubrir nuevos horizontes, nuevas revelaciones, nuevos modos de ver e interpretar el mundo y, por supuesto, verdades enteras o a medias, como acontece siempre con todas las ayudas espirituales de que se sirve el hombre.

 

Los analistas suelen aprovechar estos festejos para hacer ciertas mediciones sobre la curiosidad o intensidad del colombiano medio respecto de la lectura.  ¿Cuántos libros se lee una persona en nuestro país cada año? La respuesta no es muy satisfactoria, según la Cámara Colombiana de la Industria Editorial.  Apenas tres o cuatro y, cuando más, cinco o seis.  Nuestros compatriotas no son muy adictos a la lectura y, al parecer, nada entusiastas cuando se trata de textos de auténtica calidad.  Lo que sí ocurre es que cierto tipo de literatura dijéramos menor o francamente mediocre, como los relatos periodísticos recopilados en libros por personas secuestradas que han regresado a la libertad, o delincuentes confesos, se llevan el favor del público.  No hay en esos textos el menor asomo de arte, una muestra mínima de buen gusto, siquiera amenidad en el relato.

 

Y todo es, claro, no es la buena literatura; que tiene una trascendencia y una vigencia largas en el tiempo.

 

La Feria de este año en Bogotá reviste un atractivo más, y es el de que se ha dedicado a la hermana república de México, con la cual el país conserva desde muchos años atrás una relación de amistad firme y respetuosa.

 

Que se recuerde, el primer colombiano notable que hizo de México su segunda patria fue el enorme poeta romántico Porfirio Barba Jacob.  Allá, en territorio azteca, vivió  y murió el atormentado portalira.

 

 

Hoy, otros tres escritores, acaso los más notables de nuestro país: el Nobel García Márquez y los galardonados internacionalmente Álvaro Mutis y Fernando Vallejo residen en México, y no parece que alienten deseos de repatriarse.  Hay, pues, antecedentes y pruebas de que por el lado intelectual, Colombia y “la tierra mexicana” se han “entendido” y compenetrado suficientemente  y desde hace mucho tiempo, tan es así que el presidente de México Felipe; Calderón quien presidio la comitiva de su país en la feria, en el acto de instalación acuño una nuevo género de literatura el “mexicolombiano” surgido de precisamente los fuertes lazos entre escritores de ambos países .

 

La Feria del Libro, decía es todo un acontecimiento, un apoteosis  del espíritu. Leer, leer, leer debería ser una consigna nuestra, antes que otros propósitos  y otros objetivos menos nobles. Recordemos a propósito el soneto de don Calixto Pompa: “Es fuente de la luz un libro abierto/ .Entra por ella, niño,  y de seguro,  que para ti serán en el futuro/ Dios más posible, su Poder  más cierto…”

 
            

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