Es curioso que ningún congresista o candidato a ser elegido para el Senado o la Cámara de Representante haya incluido en su agenda o en su catálogo de promesas el tema de la Educación Superior. Algunos, ciertamente, recogen peticiones de los alcaldes en cuanto al déficit de cupos escolares, que ellos prometen que contribuirán a disminuir con la construcción de mas aulas y el nombramiento de más maestros. Pero ninguno, repito, se refiere al asunto educacional del país en su estado más alto.
Tampoco, por supuesto, el aspirante al Congreso por nuestro departamento, y eso es una falla que aún puede enmendarse.
El rector de la Universidad Nacional, doctor Moisés Wasserman, se refiere a este tema en su columna de opinión de EL TIEMPO.COM, y puntualiza que la invitación que se les formula a los parlamentarios ad-portas “no es para hablar de dinero”, sino para que se piense, con detenimiento, con juicio y con decisión de ayuda, “en el papel que la educación superior debe jugar en el desarrollo del país”.
Recuerda el doctor Wasserman que el siglo anterior se impuso el en mundo un modelo de universidad autónoma basada en la investigación. “Nuevas realidades”, dice, “se conformaron en el mundo” y la universidad investigativa ha tenido que responder a los desafíos que le lanza cada día una civilización cada vez mas perfeccionada y, por lo mismo, más caótica.
Como quiera que sea o pueda ser, la investigación es el principal fundamento de la educación superior en la época contemporánea, la base sobre la cual se asienta todo su aparato formidable. Es evidente, sin embargo, que la investigación misma también se ha modificado en los últimos años, y que, por consiguiente, la función universitaria no se limita hoy en día a la día a la preparación exclusivamente académica de las personas; la actividad universitaria debe mantener una articulación permanente con los otros estamentos de la sociedad para un desarrollo sostenible.
El congreso actual pese a sus innumerables cuestionamientos debido a los diversos casos de vinculación de un porcentaje muy representativo de sus integrantes con grupos ilegales, logro gracias al empeño de un grupo reducido de congresistas sacar adelante en la anterior legislación un proyecto de ley importantísimo para el desarrollo científico del país, la nueva ley de ciencia y tecnología, pero según parece son unas pocas golondrinas en verano, y una de ellas como la doctora Marta Lucía Ramírez no aspira a continuar en el congreso en el próximo cuatrienio .
¿Han entendido nuestros representantes en el Congreso de la República sus obligaciones con Colombia en este campo específico de la educación superior?
Al parecer, no. En ninguno de los programas u ofertas legislativas hemos encontrado puntos relacionados con la educación superior; si mucho, promesas de coadyuvar a solucionar necesidades económico-financieras de un determinado establecimiento, pero ninguna oferta en conjunto relativa a un examen en profundidad de lo que es la Educación Superior.
El doctor Moisés Wasserman ha tocado un punto que muchos teníamos en mente y que no habíamos expresado. Dirigiéndose a congresistas y candidatos, El Rector de la Universidad Nacional dice: “Hay que hablar de educación y de investigación, si queremos que de verdad el país entre al siglo XXI.
Fundación Universitaria del Área Andina Pereira.
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El pasado miércoles 12 de los corrientes se inauguró en Bogotá, con la mayor solemnidad y una concurrencia humana superior a la que había acompañado los certámenes anteriores, la vigésima segunda Feria Internacional del Libro, celebración la más importante en su género de cuantas realizan en el país por lo que significa en sí misma como inductora de cultura y vehículo de promoción de venta de ese producto singular en el mercado que es el libro.
En esta ocasión, el calendario de la Feria fue modificado: antes se efectuaba a finales de abril y principio de mayo, lo cual era inconveniente por coincidir con la temporada de lluvias más copiosas.
Como quiera que sea, la Feria Internacional del Libro se ha consagrado ya como un evento incomparable, útil para medir la afición por la lectura por parte de los colombianos y el consiguiente entusiasmo por la vigencia de ese objeto, casi siempre rectangular, en nada parecido a los demás, en cuyas paginas podremos descubrir nuevos horizontes, nuevas revelaciones, nuevos modos de ver e interpretar el mundo y, por supuesto, verdades enteras o a medias, como acontece siempre con todas las ayudas espirituales de que se sirve el hombre.
Los analistas suelen aprovechar estos festejos para hacer ciertas mediciones sobre la curiosidad o intensidad del colombiano medio respecto de la lectura. ¿Cuántos libros se lee una persona en nuestro país cada año? La respuesta no es muy satisfactoria, según la Cámara Colombiana de la Industria Editorial. Apenas tres o cuatro y, cuando más, cinco o seis. Nuestros compatriotas no son muy adictos a la lectura y, al parecer, nada entusiastas cuando se trata de textos de auténtica calidad. Lo que sí ocurre es que cierto tipo de literatura dijéramos menor o francamente mediocre, como los relatos periodísticos recopilados en libros por personas secuestradas que han regresado a la libertad, o delincuentes confesos, se llevan el favor del público. No hay en esos textos el menor asomo de arte, una muestra mínima de buen gusto, siquiera amenidad en el relato.
Y todo es, claro, no es la buena literatura; que tiene una trascendencia y una vigencia largas en el tiempo.
La Feria de este año en Bogotá reviste un atractivo más, y es el de que se ha dedicado a la hermana república de México, con la cual el país conserva desde muchos años atrás una relación de amistad firme y respetuosa.
Que se recuerde, el primer colombiano notable que hizo de México su segunda patria fue el enorme poeta romántico Porfirio Barba Jacob. Allá, en territorio azteca, vivió y murió el atormentado portalira.
Hoy, otros tres escritores, acaso los más notables de nuestro país: el Nobel García Márquez y los galardonados internacionalmente Álvaro Mutis y Fernando Vallejo residen en México, y no parece que alienten deseos de repatriarse. Hay, pues, antecedentes y pruebas de que por el lado intelectual, Colombia y “la tierra mexicana” se han “entendido” y compenetrado suficientemente y desde hace mucho tiempo, tan es así que el presidente de México Felipe; Calderón quien presidio la comitiva de su país en la feria, en el acto de instalación acuño una nuevo género de literatura el “mexicolombiano” surgido de precisamente los fuertes lazos entre escritores de ambos países .
La Feria del Libro, decía es todo un acontecimiento, un apoteosis del espíritu. Leer, leer, leer debería ser una consigna nuestra, antes que otros propósitos y otros objetivos menos nobles. Recordemos a propósito el soneto de don Calixto Pompa: “Es fuente de la luz un libro abierto/ .Entra por ella, niño, y de seguro, que para ti serán en el futuro/ Dios más posible, su Poder más cierto…”