| Brasil: Gigante Despierto |
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Acabo de regresar de la mágica tierra brasileña; tierra bendecida a toda hora por la mano del sol que ilumina el paisaje y madura los frutos producidos en cantidad copiosa y prende fuego en las caderas de las “garotas”. El Brasil. Tan cercano geográficamente a nosotros y tan distante cultural y económicamente de nuestros lares. Desde siempre, fue un país cuyo hechizo se propagó por el mundo entero, a través de su música, de su literatura, de su arte pictórico. Su música y su danza las llevó por doquier una artista incomparable: Carmen Miranda; su futbol a hechizado a todos los amantes del jogo bonito, la famosa verde amárela es la única selección que ha ganado cinco títulos mundiales. No vamos a referirnos a etapas pasadas y sombrías de la historia del Brasil pues las ha tenido. Pero el pasado es el pretérito, decía Pero Grullo, y a él deben acudir solamente los historiadores y los sociólogos. Nosotros aludimos en esta nota al país actual, país maravilloso, en pleno y desaforado crecimiento económico, con una política cada vez más consolidada en términos democráticos; país alegre y pletórico de posibilidades en todos los órdenes de la vida y el desarrollo contemporáneo, yo quisiera denominarlo la China latinoamericana. A esta realidad asombrosa está asociado, en primerísimo lugar, el nombre de su actual presidente Luis Inacio Lula da Silva, o Lula, como se le dice familiarmente. Lula es actualmente el líder suramericano más importante, el de más alto relieve en la consideración mundial, el más respetable: por su firmeza democrática, su inteligencia desconcertante, su mentalidad creadora y su desinterés apostólico. Su ejemplo no registra antecedentes en América y, mucho menos en su país. Con una popularidad de más del 80 por ciento, en vísperas de concluir su gobierno, y definitivamente renuente a todo intento reeleccionista, Lula ha llegado hondamente al afecto de su pueblo, asceta ilusionado como un místico y ungido como un cruzado. No se parece a nadie, nada tiene de común con quienes son sus homólogos. No olvidemos que cuando Lula ascendió al poder en el 2003 del gigante suramericano, las bolsas mundiales colapsaron, debido a su pasado sindicalistas, sus ideas de izquierda y por ser un simple bachiller; en su discurso de posesión pronuncio la célebre frase “yo que durante tantas veces fui acusado de no poseer título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mi país”, obviamente este particular personaje no generaba ninguna confianza a la economía mundial, además si se le adiciona que el mismo Brasil tenía un pasado de pésimo manejo de su economía y de altísima corrupción, se creaba un coctel molotov. Pero los resultados son increíbles, y dejo callados a todos sus críticos y sorprendidos a los escépticos. Traduzcamos a cifras, aunque de forma saltuaria, el balance de su administración: En todo su gobierno de ocho años Lula va a terminar con promedios anuales de crecimiento del 4% no vistos desde la década de los setenta, en reducción de pobreza las cifras son maravillosas en un país de más de 200 millones de habitantes Lula recibió índices de pobreza por encima del 45% y los ha llevado al 29% cumpliendo una de sus promesas más importantes de gobierno; la tasa de desempleo la tuvo en el 6% pero se subió al 8% el año pasado por la crisis mundial, pero aun así está muy controlada, consolido una inflación baja, hoy en día está al 4.5% en un país que se había acostumbrado a hiperinflaciones, y ha logrado acumular reservas por el orden de 240.000 millones de dólares (15% del PIB). Este hombre que al principio solo generaba temor va a terminar con una inversión extranjera proyectada este año en unos U$35.000 millones, las calificadoras de riesgo le han otorgado a la deuda soberana del Brasil el grado de inversión y logro llevarse para su país el mundial de fútbol del 2014 y los juegos olímpicos del 2016. Sí. Lula da Silva es el arquitecto que ha rediseñado y construido su desmesurado y hermoso país, repito la China Latinoamericana. Pasará a la historia nimbado por el honor y por la gloria y con el reconocimiento no apenas de sus compatriotas, sino de todos los hombres que trabajan por el mantenimiento del Derecho y de su mayor valor, la justicia y de la Democracia en el mundo y de convertirse en un ejemplo de superación personal.
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